Las artes de Schopenhauer
Ensayo. El filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860) dejó al morir un abundante legado manuscrito, un cajón de sastre repleto de pensamientos e ideas, esbozos y anotaciones embrionarias que, una vez desarrolladas, encontraron hueco en sus obras más voluminosas -El mundo como voluntad y representación y Parerga y paralipómena- o en sus "escritos menores", los tratados de ética, teoría del conocimiento y teoría de la naturaleza. Lo mismo que cualquier otro taller de trabajo de un genio -recordemos los fragmentos inéditos de Nietzsche o los cuadernos de Kafka- también el de Schopenhauer despertó enseguida el interés de los eruditos; Paul Deussen lo publicó íntegro en 1916; más adelante, Arthur Hübscher preparó una edición definitiva en cinco tomos en los que podemos encontrar desde cientos de pensamientos aforísticos hasta la magnífica traducción que Schopenhauer hizo al alemán del Oráculo manual, de Baltasar Gracián, su "pensador español favorito".
El filósofo italiano Franco Volpi comenzó hace años una labor de reconstrucción de algunos esbozos del legado que él veía con la suficiente unidad de sentido como para editarlos de forma independiente, aunque fuera en forma de escuálidos volúmenes. Primero publicó El arte de tener razón, título con que remató el plan de un tratado sobre "dialéctica erística" que Schopenhauer pensó incluir en sus Parerga y para el que éste había compilado 38 estratagemas dialécticas que se utilizan en las discusiones para salirse uno con la suya aunque no tenga razón. El "nuevo libro" de Schopenhauer vendió más de 100.000 ejemplares en Italia (Adelphi), ya que ciertos políticos lo pusieron de moda al esgrimirlo para desenmascarar con él las argucias argumentativas de sus contrarios. Tras este éxito, Volpi editó lo que en realidad es un borrador de los célebres Aforismos sobre el arte de saber vivir bajo el título de El arte de ser feliz, editado en España por Herder; y luego continuó con otros tratados como El arte de hacerse respetar, sobre el código del honor, los duelos o los procesos por injurias, así como con otro denominado El arte de conocerse a sí mismo, basado en un puñado de notas que Schopenhauer dejó sobre su propio carácter. Volpi encontró una mina de oro que continúa explotando, a pesar de la confusión que tanto tratado pueda provocar en los lectores. Lo ideal sería contar con una buena edición de todo el legado manuscrito completo, en vez de con tanto librito fragmentario, por lo demás, estupendos para leer en el metro y mirar con tirria a nuestros semejantes; sobre todo El arte de insultar, que no es ningún borrador sino una selección del propio Volpi de las invectivas que el pesimista de Schopenhauer solía lanzar en sus obras contra aquello que le desagradaba, por lo general, otros filósofos, Hegel el principal, a quien llamó "soplagaitas" o "filosofastro de pacotilla"; pero también contra el ansia viajera de moda entre sus contemporáneos -esos "turistas", sinónimo de "aburridos"-. O contra los demócratas ("una asamblea de 10.000 tontos no da un solo hombre inteligente") o el ferrocarril ("lo único bueno que ha traído es que salva de una mísera existencia a cientos de miles de caballos de tiro"). En fin, puro Schopenhauer, enfurruñado casi siempre y lúcido a su manera. Al bonito estuche que presenta Alianza, que alberga cuatro títulos, todavía le falta un último tratado que Volpi publicó ya en Alemania e Italia y que acaba de aparecer en Colombia en castellano: El arte de tratar a las mujeres. Aquí se reúnen las lindezas sobre el género femenino que tan mala prensa han dado a Schopenhauer como "misógino" por excelencia y que tanto furor despiertan aún entre quienes nunca las leen con distancia histórica ni con ironía.
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FilosoficaMent dijo
como en algun sitio de la página se dice que los comentarios son bienvenidos ahí va el mío. resulta que lamentablemente el autor que aquí reseñais murió ayer de un accidente de bicicleta, son poco los blogs que en España se han hecho eco de esta noticia la verdad, pero creo que la profundidad especultaiva de este italiano amante de la filosofia alemana del XIX se lo merece, y con creces. No puedo dejar de recomendar su libro El nihilismo, que Siruela publicó el año pasado...
ala, un saludo!!!
17 Abril 2009 | 01:17 PM